Llama la atención que, entre todos los premios Nobel, no haya uno de matemáticas. Aunque hay diferentes leyendas, la explicación es bien sencilla. Alfred Nobel no era un apasionado de las matemáticas y las consideraba una ciencia que tiene sentido utilizándose dentro de otras ciencias, como una herramienta. Fue John Charles Fields quién asentó las bases para otorgar cada cuatro años la Medalla Fields Internacional, que es considerada el premio Nobel de las matemáticas.

Hoy destacaremos a la iraní Maryam Mirzakhani porque nos puede servir de gran inspiración al mundo educativo. No solo porque asoció los sistemas dinámicos a la geometría y se especializó en la comprensión de la simetría de las superficies. Ni porque descubrió la forma de calcular el volumen de los espacios hiperbólicos. Ni siquiera porque abordó el problema matemático de los billares estudiando el movimiento de una bola de billar, por lo cual consiguió ser la primera y única mujer, hasta ahora, en la medalla Fields, sino por muchos más motivos que ahora expondremos.

Hace poco en este diario se hablaba de la importancia de la esperanza, y de cómo la resiliencia es un elemento clave para superar situaciones estresantes. Maryam nació en Teherán el 12 de mayo de 1977, a finales de una guerra que asoló el país, pero cuando ella hablaba de esto decía que la guerra Irán-Irak finalizó siendo ella adolescente y esto supuso una oportunidad para todos los y las jóvenes suficientemente motivados. Una visión de oportunidad y esperanza ante una dura realidad.

A menudo tenemos alumnado en las diferentes etapas y modalidades educativas que muestra ansiedad hacia las matemáticas, y tenemos evidencias que demuestran que esta ansiedad puede repercutir en sus resultados, incluso pueden determinar la renuncia a las matemáticas y ciertos itinerarios educativos. Conocer cómo las mentes más brillantes y que han hecho grandes aportaciones a la humanidad también han cambiado itinerarios hasta decidir su camino, y que no siempre les fue fácil, puede animar a perseverar y a no rendirse. Maryam Mirzakhani explicó cómo a ella de pequeña le gustaba mucho leer y cómo pensaba que acabaría siendo una escritora. Hasta que, finalmente, se decidió para hacer investigación matemática. Como ella decía:

«Tienes que gastar un poco de energía y esfuerzo para ver la belleza de las matemáticas.» 

Cuando se le preguntó por su receta de trabajo, ella dijo:

«No tengo ninguna receta en particular. Es la razón por la cual hacer investigación es un reto y a la vez atractivo. Es como perderse en una jungla y tratar de utilizar todos los conocimientos que puedas reunir para inventar algunos trucos nuevos y, con un poco de suerte, puedes encontrar una salida.»

También podemos destacar cómo esta mujer tan brillante nos dio las claves de la mejor manera para aprender matemáticas cuando decía:

«La parte más gratificante de mi trabajo es el momento «¡ahá!», la emoción de descubrir y disfrutar de entender algo nuevo: la sensación de estar arriba de un cerro y tener una visión clara. Pero la mayor parte de las veces, hacer matemáticas para mí es como hacer una larga caminata sin ningún camino ni ningún final a la vista.»

«Pienso que hablar de matemáticas con compañeros de diferentes orígenes es una de las maneras más productivas de progresar.»

Este “ahá” lo podemos encontrar en nuestras aulas cuando hacemos grupos interactivos, donde en grupos heterogéneos trabajamos dialógicamente para conseguir el triunfo común para todo el mundo, haciendo frente a retos y dificultades y construyendo un aprendizaje compartido.

Lamentablemente, el 14 de julio de 2017 murió víctima de cáncer de mama. En tan solo 40 años, llegó a ser un referente para otras muchas mujeres en su campo, porque fue una prestigiosa profesora en el Departamento de Matemáticas de la Universidad de Stanford y, por eso, acabó declarándose el 12 de mayo (día de su cumpleaños) como el Día Internacional de las Mujeres Matemáticas.

[Imagen: Flickr]

Por Zaida Mas

Maestra de infantil y primaria