La literatura científica ha puesto el foco en el diálogo como la herramienta más potente para aprender. Pero también nos ha enseñado que no cualquier tipo de interacción nos aporta el máximo aprendizaje. ¿Qué ocurre si nuestro alumnado tiene graves dificultades de aprendizaje? ¿Cómo podemos organizar el aula para incluir a todo el alumnado?

Los grupos interactivos (GI) han demostrado su eficacia en diferentes contextos educativos, contribuyendo al aumento de las interacciones de mayor calidad, la creación de lazos de solidaridad y la mejora de los resultados académicos. Se han realizado diferentes estudios que hablan de la participación de alumnado con diversidad funcional en GI en entornos ordinarios. En cambio, el artículo “Promoting Social Interaction and Attention of Students with Disabilities through Interactive Groups” se ha centrado en el análisis de los GI realizados en centros de educación especial.

Los GI abren las escuelas a la participación externa y permiten establecer acciones conjuntas para lograr el mayor desarrollo académico y social. Incorporando a miembros de la comunidad educativa, favorecemos la creación de redes de apoyo que fomenten la inclusión de todo el alumnado.

Gracias al apoyo del voluntariado que participa en GI, el alumnado de centros de educación especial aumenta en tiempo y calidad su atención. Participan en la actividad, escuchan a los demás y trabajan con los materiales. Además, las conductas de ayuda generadas en GI ayudan a interiorizar los aprendizajes, se extrapolan a otros contextos educativos favoreciendo, de este modo, la creación de espacios solidarios y de mejora de la convivencia.

Las interacciones que tienen lugar en los GI sirven como guía para modelar o autorregular las conductas de alumnado con diversidad funcional. Se produce una disminución en la aparición de conductas disruptivas. Pueden ayudarse a relajarse mutuamente, tener más autocontrol… Y es que la participación en GI les permite aprender de las aportaciones ajenas, pero también poder exponer los aprendizajes propios, generando una mayor autoestima. Todo ello mediante un diálogo crítico y solidario que fomenta sus habilidades sociales y la empatía.

Realizar GI en escuelas de educación especial garantiza el éxito y la inclusión para todos y todas. El diálogo igualitario no solo mejora y aumenta su contenido académico; les enseña a expresar sus opiniones, a desarrollar sus capacidades de argumentación, su razonamiento y la solidaridad.

[Imagen: Pixabay]

Por Irene López

Maestra de primaria y pedagogía terapéutica. Colegio Trenc d'Alba (Jávea)