¿Cómo influye la teoría en la práctica educativa?

Desafortunadamente, aún permanecen en las prácticas educativas, muchas veces sin que tengamos conciencia de ello, teorías pseudocientíficas que, lejos de mejorar la educación, contribuyen a reproducir las desigualdades socioeconómicas y culturales. Autores como Althusser, Ausubel o Bordieu siguen siendo “referentes” que subyacen en los pensamientos pedagógicos de profesionales de la educación o incluso en formaciones de carácter universitario.

Es muy importante tener conciencia de qué actuaciones educativas implementamos, cómo las llevamos a cabo, por qué las realizamos y en qué teorías están basadas. Si están sustentadas por la evidencia científica y el impacto social o si por el contrario carecen de ello y, por tanto, agravan las desigualdades y empeoran los resultados en el aprendizaje, fomentando aspectos clasistas, racistas y sexistas dentro del contexto escolar y sociocultural.

En el día a día en las aulas, se puede apreciar a través de las acciones y del lenguaje (verbal y no verbal) de docentes y profesionales de la educación muy buenas intenciones hacia el progreso del alumnado. Sin embargo, si estas carecen de argumentos de validez y rigurosidad científica para favorecer el desarrollo social e intelectual, se sigue perpetuando el fracaso escolar. En la mayoría de ocasiones esto se hace de forma inconsciente, por tener la creencia de que se está actuando correctamente por estar acorde a la formación recibida, la ley educativa del momento, o también por desconocimiento de aquellas teorías que realmente permiten poner en práctica la igualdad de los resultados para todas y todos sin exclusión. Algunos ejemplos son:

  • Creer que la escuela no cambia las desigualdades sociales, en vez de tener una perspectiva transformadora de la misma, donde se democratiza la cultura y el conocimiento desde un enfoque comunicativo e igualitario.
  • Etiquetar al alumnado proveniente de contextos desfavorecidos o inmigrantes de “bajo nivel”, implementando un currículum de mínimos o la segregación, en lugar de potenciar sus habilidades a través de las interacciones sociales, la  inclusión y las altas expectativas, como bien han evidenciado diversos autores como Mead, Vigotsky, Kandel, Freire o Flecha
  • Creer que las familias analfabetas o sin estudios no valoran las grandes obras de la literatura y de la ciencia y que, por tanto, sus hijos e hijas no necesitan esa formación para su vida futura… 

Son opiniones muy alejadas de la idea de incluir a todas las familias en el conocimiento académico y social, dando voz y valor al enriquecimiento cultural e intelectual mediante el diálogo igualitario con las demás personas de la comunidad. En definitiva, haciendo posible la democratización del aprendizaje y de la educación.

Es de gran relevancia y responsabilidad conocer en qué teorías nos basamos en el ámbito educativo y social, ya que podríamos estar promoviendo (sin saberlo) modelos reduccionistas, excluyentes y desiguales, donde predominan las relaciones de poder. En la actual sociedad dialógica, la pedagogía crítica nos ofrece teorías y prácticas educativas transformadoras propias de las comunidades de aprendizaje y las escuelas democráticas, donde verdaderamente otro mundo es posible.

[Imagen: Freepik]

Por Isabel Bixquert

Maestra de primaria, colegio Profesor Luis Braille (Valencia). Participante de la tertulia pedagógica dialógica "A Muscles de Gegants"