Actuaciones educativas generadoras de amistades que fomentan éxito

Algunos sectores de la sociedad insisten en que la escuela y la sociedad actual fomentan la competitividad en la infancia y adolescencia. Por otro lado, se plantea cómo algunas escuelas están luchando contra esa situación negativa y cómo lo hacen priorizando los procesos y no los resultados, educando “en la felicidad” y no centrándose tanto en conocimientos y habilidades.

Las evidencias científicas han dejado claro que no hay que elegir, que esa dicotomía entre colaboración y alto rendimiento es falsa. De hecho, la “pedagogía de la felicidad” no genera ni éxito académico ni el máximo bienestar individual ni colectivo. Por suerte, tenemos actuaciones educativas de éxito que consiguen los máximos resultados mediante un ambiente dialógico y de no competitividad entre el alumnado, lo cual genera mucho bienestar.

Todas las actuaciones educativas de éxito se complementan entre ellas en la consecución de los fines que todos deseamos: éxito académico y felicidad en un ambiente seguro y colaborativo. De manera muy resumida, el modelo dialógico de convivencia promueve el desarrollo de amistades basadas en los mejores sentimientos; pero es que es en el día a día del aula y del centro, donde hacen tareas académicas de las asignaturas, donde se valoran este tipo de comportamientos a la hora de relacionarse entre ellos y ellas. 

Poniendo un ejemplo, en grupos interactivos el objetivo es que un grupo diverso de unos 5 estudiantes, dinamizado por una persona adulta de la comunidad, resuelva unas tareas de matemáticas, inglés o la asignatura que sea. Se comunican en todas sus dimensiones (no solo verbal) para explicarse los contenidos y resolver las actividades entre ellas y ellos. Valoran a quienes son pacientes a la vez que exigentes ayudando cuando saben algo, igual que valoran a quienes se dejan ayudar buscando su oportunidad de poder aportar al resto; no valoran a quienes resuelven la tarea sin ayudar a otros, ni tampoco a quienes pasan de hacerla. 

Estas amistades, que se cultivan con cada sesión, pueden conseguir todo aquello que queremos y deseamos en nuestro alumnado: que tengan relaciones en las que se ayudan a superar sus dificultades académicas y personales, así como a aprender de los éxitos y virtudes de los demás. Amistades críticas y solidarias que se ponen las pilas entre ellas y rescatan a alguien (alguien que quiera ser rescatado). Amistades que sueñan alto con vidas ideales y se ayudan para trabajar por mejorar sus vidas y las del resto.

¿Queremos mejorar los resultados académicos a la vez que mejoramos los procesos y la colaboración entre el alumnado? Hagamos de manera frecuente, intensa y rigurosa actuaciones educativas de éxito.

[Imagen: Pexels]

Por Guillermo Legorburo

Investigador predoctoral en la Universitat Rovira i Virgili. Maestro de Educación Primaria