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Dialogar sobre las letras de las canciones nos previene y nos divierte

Durante el verano nos encontramos en numerosas situaciones en las que podemos compartir momentos relajados y divertidos con la familia, amigos y amigas que enriquecen nuestras vidas y nos hacen sentir mucho más felices. Una acompañante habitual de estos momentos estivales suele ser la música que en eventos como verbenas, festivales o conciertos al aire libre suele ser de carácter popular. 

En muchas conversaciones se puede escuchar a muchos padres y madres que se muestran preocupados por la cantidad de personas que siguen a cantantes que se presentan de forma pública con actitudes agresivas y que, en ocasiones, reflejan esas actitudes en letras de canciones que justifican y toleran la violencia o que promueven un modelo de relaciones en las que la violencia resulta atractiva y en las que existe coacción y menosprecio.

Echando la mirada atrás, podemos ver que esto ha pasado siempre; las letras de las canciones populares han sido un reflejo de la sociedad. De hecho, a lo largo de la historia podemos encontrar canciones populares cuyas letras celebran el desenfreno previo a la cuaresma cristiana, temas famosísimos con un cariz abiertamente racista u otros que justifican la violencia de género. Al mismo tiempo, siempre ha habido canciones que en sus letras contienen temas que mejoran las vidas de las personas, basados en el amor, la solidaridad, la amistad o la superación de situaciones complejas. Si reflexionamos sobre ello llegamos a una conclusión clara: no es el tipo de música ni su origen lo que transmite la violencia, sino la letra de las canciones. Por ello, no deberíamos descalificar por esta causa ningún género musical.

Desde aquí lanzo la propuesta de aprovechar esos momentos distendidos que las vacaciones nos ofrecen para dialogar con nuestras amistades, familiares, hijos e hijas sobre qué dicen las canciones que más se escuchan. Es importante, eso sí, que lo hagamos desde el diálogo igualitario, con argumentos válidos y con solidaridad, teniendo en cuenta que todas y todos hemos bailado a la fresca canciones cuyas letras son bastante reprobables. Dialogar sobre ello nos ayudará a mejorar el criterio para el gusto por la música y las relaciones; eso nos hará personas más críticas y, además, nos divertirá conocer y analizar el contenido, qué dicen las letras y pensar en su origen. Resultará importante, además, que evitemos el lenguaje de la ética, que no transforma, porque se queda en la queja, a no ser que vaya acompañado de deseo. Podemos acompañar estos diálogos con la creación de playlists compartidas llenas de temas atractivos y excitantes que nos hacen saltar, disfrutar de la música y del baile nada más suenan los primeros acordes y cuyas letras transmitan los mejores valores. 

[Imagen: Freepik]

Por Patricia González

Maestra de primaria y de educación musical. Directora del CEIP Eres Altes de Riba-roja de Túria