Ninguna de las nueve musas se dedicó a la pintura, arquitectura y escultura porque durante muchos siglos no se consideraron arte, se alegaba que no tenían una dimensión intelectual. Durante el Renacimiento, les comenzó a llegar ese reconocimiento que luego se extendió retrospectivamente a las obras realizadas con anterioridad. Hasta el siglo XX incluido, tampoco se ha reconocido como arte la creación de nuevas relaciones humanas tan llenas de belleza, bondad y verdad como la “Nascita di Venere” de Botticelli. 

No es menos difícil ni menos importante decorar un hogar o una escuela con esas bellas relaciones humanas que con ese bello cuadro. La neurociencia, entre otros saberes, está obteniendo cada vez más evidencias empíricas de la influencia que en las vidas humanas tiene ese cuadro en la pared y esas relaciones dentro de ese espacio. Incluso cuando visitamos de mayores la que fue nuestra escuela, recorremos la calle que la unía a nuestro domicilio y quizá entramos en el que fue nuestro hogar, nuestra memoria se remueve más con las relaciones que allí tuvimos y vivimos que con el decorado físico también importante de sus paredes. 

¿Quién no recuerda a esa educadora o educador que nos realizó una aportación importante para nuestras vidas? Hasta hace muy poco tiempo, esa labor docente, esa creación de nuevas relaciones y dimensiones de nuestras vidas, no ha sido reconocida como arte igual que tampoco lo fueron durante siglos pinturas como el “Retrato de Safo de Mitelene”. Las profundas y aceleradas transformaciones de la actual sociedad dialógica están haciendo emerger muy rápidamente el reconocimiento de esa labor educadora como arte social, incluso se están presentando ya evidencias de cómo mejora más las vidas de la humanidad que ninguna de las artes anteriores. 

Este cambio acelerado está comenzando a abrir los ojos de la sociedad hacia la importancia de la belleza que docentes descubren en las relaciones de su alumnado y la promueven trabajando al mismo tiempo por evitar la fealdad que frecuentemente hay en ellas. Esa labor no la hacemos sólo como profesionales de la educación, sino también como familiares de las niñas y niños que ahora se están educando y que siempre llevarán en su memoria el recuerdo de lo que hicimos con y para ellas y ellos.

Por Ramón Flecha

Catedrático Emérito de la Universidad de Barcelona. Investigador número 1 del ranking científico internacional Google Scholar en las categorías de "gender violence" y "social impact" (violencia de género e impacto social, respectivamente). Director de REVERS-ED.